Reestructuración de empresas
Es un proceso para reorganizar la deuda, la financiación y, cuando resulta necesario, la estructura operativa de una empresa, con el fin de recuperar su viabilidad y evitar o superar una situación de insolvencia.
Cuando comienza a tener dificultades de tesorería, retrasos recurrentes en los pagos, problemas para atender préstamos, deudas con proveedores, Hacienda o Seguridad Social, o prevé que no podrá cumplir regularmente sus obligaciones.
No. La reestructuración puede abordarse antes de que la insolvencia sea actual. Actuar con antelación permite negociar con más margen y conservar un mayor valor empresarial.
Puede contemplar quitas, aplazamientos, nuevos calendarios de pago, refinanciación bancaria, modificación de garantías, conversión de deuda, entrada de financiación nueva, venta de activos no esenciales o medidas de reorganización interna.
Sí. El objetivo habitual es preservar una actividad empresarial viable, mantener el valor de la compañía y, cuando sea posible, proteger los puestos de trabajo.
No necesariamente. Si se cumplen los requisitos legales, un plan de reestructuración puede homologarse judicialmente y extender determinados efectos a acreedores que no hayan prestado su consentimiento.
En determinados supuestos puede obtenerse protección temporal frente a ciertas ejecuciones mientras se negocia con los acreedores. La viabilidad de esta medida depende de la situación concreta de la empresa.
Sí. La deuda financiera y comercial suele ser el núcleo de una reestructuración. Cada grupo de acreedores debe analizarse de forma diferenciada para diseñar una propuesta realista.
Las deudas públicas tienen un régimen específico y no siempre admiten las mismas soluciones que la deuda bancaria o comercial. Deben revisarse separadamente antes de definir la estrategia.
No siempre. Muchas reestructuraciones se negocian de forma privada. Sin embargo, puede ser conveniente comunicar la apertura de negociaciones o solicitar la homologación de un plan para obtener protección o eficacia frente a determinados acreedores.
Es necesario revisar, entre otros documentos, la contabilidad, la tesorería, las previsiones de ingresos y pagos, la relación de acreedores, préstamos, garantías, contratos relevantes y la situación fiscal, laboral y patrimonial de la empresa.
Reestructuración liquidativa y venta ordenada
Es una estrategia de salida ordenada para empresas que no pueden mantener íntegramente su actividad o su estructura actual. Consiste en planificar la venta de activos, líneas de negocio o unidades productivas para maximizar su valor y evitar una liquidación precipitada.
No necesariamente. Puede implicar el cierre de la sociedad actual, pero permitir que la actividad continúe a través de un comprador que adquiere una unidad productiva, una línea de negocio o activos esenciales.
Pueden analizarse la venta de la empresa en funcionamiento, una unidad productiva, una línea de negocio, maquinaria, inmuebles, existencias, contratos, cartera de clientes u otros activos, según su valor y viabilidad.
Es un conjunto organizado de medios, activos, contratos y recursos que permite desarrollar una actividad económica. Puede ser, por ejemplo, un establecimiento, una fábrica, una división de negocio o una actividad empresarial autónoma dentro de una sociedad.
Porque permite identificar compradores, preparar la información económica y jurídica, mantener la actividad mientras se negocia y maximizar el precio o las condiciones de la venta.
Puede ser uno de los objetivos principales. La continuidad de la actividad por el adquirente puede favorecer la conservación de puestos de trabajo, aunque el alcance concreto dependerá de la operación y de la normativa laboral aplicable.
Sí, pero debe estructurarse adecuadamente para proteger el valor de la operación, evitar riesgos de impugnación y analizar las consecuencias para acreedores, trabajadores, garantías y administradores.
La venta no elimina por sí sola las deudas de la sociedad vendedora. Debe analizarse qué activos, contratos, trabajadores y obligaciones se transmiten, así como el destino del precio obtenido y el tratamiento de los acreedores.
Sí. La existencia de deuda no impide automáticamente la venta. Una transmisión de unidad productiva puede ser la mejor alternativa cuando el negocio conserva valor, aunque la sociedad tenga una estructura financiera insostenible.
Si la empresa no puede recuperar su viabilidad o no se alcanza una solución suficiente, será necesario valorar el concurso de acreedores y, en su caso, una venta ordenada de activos o de la unidad productiva.
